La crítica en sí misma no es un aspecto negativo y nos puede ayudar a crecer y aprender de nuestros errores. La autocrítica no tiene por qué ser negativa, pero hay que tener especial cuidado en cómo nos decimos ese tipo de cosas, es decir el lenguaje interno que utilizamos, para que no pase de ser algo constructivo a una autoexigencia excesiva que nos genere un gran malestar.

La crítica positiva nos ayuda a ser conscientes de nuestros propios errores y aprender de ellos, y reduce la autoexigencia al asumir que podemos cometer fallos lo cual forma parte de nuestra experiencia. Además, esto puede ayudarnos también a conocernos mejor y ser conscientes de nuestros propios recursos y limitaciones.

Sin embargo, cuando la crítica que nos hacemos genera una exigencia excesiva acerca de lo que podemos y debemos hacer, se convierte en una crítica negativa hacia nosotros mismos que lleva consigo consecuencias tanto a corto como a largo plazo.

La autoexigencia conlleva bastante sufrimiento ya que lleva consigo otros aspectos asociados como un elevado perfeccionismo y una baja tolerancia a equivocarse. El dialogo interno en este tipo de autocrítica está basado en mensajes como ”No puedes fallar”, ”Debes hacer todo perfecto”…entre otros, los cuales llevan detrás un miedo al fracaso y a ser rechazados por ello, lo que a su vez suele provenir de mensajes escuchados en la infancia asociados a conductas de castigo cuando esto no se cumplía.

Esto genera una baja autoestima y frustración al no cumplir nunca con esas expectativas y entrar en contradicción con ese dialogo interno que no nos permite fallar y equivocarnos, lo cual influye tanto en el ámbito laboral como personal. Las metas y objetivos suelen ser tan elevados que es muy difícil llegar a cumplirlos, lo que provoca esa ansiedad y frustración y aparecen las creencias aprendidas sobre no ser suficientemente bueno o válido para lograr lo que nos hemos propuesto.

Ser capaces de reducir esa autocríticia negativa y sustituir ese dialogo interno basado en una elevada exigencia no es tarea fácil, pero es posible trabajar en ello y ser conscientes de las consecuencias negativas que puede tener para nosotros.

Por ello es necesario empezar a tener mayor compasión con nosotros mismos y aceptar que equivocarse es humano y nos puede suceder pero tomarlo como una experiencia para aprender. También tomar conciencia del dialogo interno que utilizamos y empezar a sustituir algunos mensajes aprendidos como ”tengo que” o ”debería” por ”yo quiero” y liberar todas aquellas emociones negativas que nos generan estos pensamientos puede ser un primer paso para empezar a cambiarlo.

Todo ello nos permitirá ser más tolerantes y permisivos con nosotros mismos, aceptar nuestros errores y limitaciones y utilizarlos como una fuente de aprendizaje y autoconocimiento.

“La persona más influenciable con la que hablarás todo el día eres tú. Ten cuidado entonces acerca de lo que te dices a ti mismo” (Zig Ziglar).

 

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