Toda ruptura de pareja supone una experiencia difícil y dolorosa la cual tratamos de evitar en muchas ocasiones para no pasar por ese momento tan complicado. Pero a veces, el amor se acaba y es necesario saber aceptarlo y hacer frente a esa situación.

Toda separación supone una pérdida y como tal, un proceso de duelo que es necesario pasar, ya que debemos aprender a vivir sin el otro y reformular muchos proyectos que se habían establecido en conjunto.

Este proceso de duelo consta de varias fases y el impacto que tenga sobre nosotros dependerá de muchos factores como la duración de la relación, la forma en la que finalizó, la intensidad del vínculo creado, etc.

El primer momento es el de negación, la fase inicial en la que hay dificultades para aceptar que la relación ha finalizado. Es un momento de gran incertidumbre donde puede haber esperanza de que la relación no termine. Tras esta fase, aparece la ira y la ansiedad, donde ya somos conscientes de que ha finalizado, pero sentimos rabia hacia la otra persona porque haya sucedido incluso hacia nosotros mismos por errores que hayamos podido cometer. Después aparece un momento de negociación, en el cual tratamos de buscar posibles soluciones para evitar las consecuencias que estamos viviendo debido a la pérdida. Tras el fracaso de la fase anterior, aparece la aceptación donde se comienzan a instaurar nuevos hábitos y a reestructurar nuestra vida sin esa persona. Finalmente, si este proceso no se alarga más tiempo del debido, pasaríamos a una fase final de superación que supone un periodo de reflexión donde habremos aprendido a vivir sin esa persona y seremos capaces de establecer nuevas metas y conocer a personas nuevas.

Pero no todo es negativo tras vivir esta situación. Podemos aprender de la experiencia vivida y el periodo de soledad nos ayudará a conocernos más a nosotros mismos y mejorar algunos aspectos que tras la ruptura quizá hayan podido verse afectados como nuestra autoestima o seguridad en nosotros mismos. Además, puede ser un buen momento para comenzar y aprender nuevas actividades que hasta ese momento no habíamos decidido hacer, conocer personas nuevas y ampliar nuestro círculo social o comenzar nuevas metas y objetivos.

En ocasiones es necesario pedir ayuda cuando el duelo se alarga más tiempo del normal o no nos permite continuar con nuestra vida de forma natural. Un proceso terapéutico en este momento nos puede ayudar a elaborar esa experiencia dolorosa y darle sentido, aprender de la pérdida y convertirla en una experiencia más de aprendizaje y superación personal.

El tiempo realmente no lo cura todo. Lo que hemos aprendido durante ese periodo es lo que cura.

 

 

 

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *