En muchas ocasiones mantenemos algunas relaciones tóxicas aun siendo conscientes de que nos perjudican más que beneficiarnos, pero no siempre es fácil identificarlas y menos aún saber cómo gestionarlas.

Este tipo de relaciones con frecuencia se asocian a relaciones de pareja, pero pueden darse en relaciones de amistad, familiares o laborales.

 

Qué son

Identificarlas no siempre es fácil, porque una parte de esa relación nos aporta ciertos beneficios por lo que es difícil alejarse de ellas y nos mantienen enganchados aun sabiendo que otra parte de la misma nos perjudica o no es lo que queremos en nuestra vida. Debido a esta mezcla de emociones positivas y negativas a la vez que producen, generan esa sensación de incapacidad para eliminarlas de nuestra vida.

Suelen ser relaciones donde se generan emociones como la culpa o el miedo, en la que suele haber una manipulación por parte de la persona tóxica de la que en muchos momentos no somos conscientes y por la que ambas partes sufren las consecuencias.

Generalmente este tipo de personas buscan satisfacer necesidades no cubiertas por medio de los demás y su manera de llenar ese vacío es mediante la manipulación y el chantaje emocional.

Según el psicólogo David Goleman este tipo de relaciones son un factor de riesgo para ciertas enfermedades, como por ejemplo las enfermedades cardiacas, debido al alto contenido de ansiedad que provocan.

 

Cómo evitarlas

Saber identificarlas y entender cómo funcionan es el primer paso para poder darnos cuenta de que estemos inmersos en una relación de este tipo y por tanto intentar darle fin.

Existen algunas claves para tratar de terminar con ellas de la forma más sencilla posible:

  • Ser consciente de todo lo negativo que nos aporta, ya que también suele aportar ciertos beneficios y a veces es difícil darse cuenta de la manipulación que ejercen.
  • Saber poner límites y decidir con quién queremos compartir nuestro tiempo. Tener presente que tenemos la capacidad de decidir y por tanto alejarnos de las personas que creamos que no son beneficiosas para nosotros.
  • Elegir un momento adecuado para hablar con esa persona y limitar el contacto con ella, aunque al principio sea complicado depende del vínculo que existe con ella, será lo mejor para tratar de terminar con esa relación cuanto antes.
  • Conoce personas nuevas con las que tengas relaciones sanas y de esta forma sea más fácil que veas las diferencias respecto a la relación con la persona tóxica.

Pero además de todo esto, la razón que puede subyacer en muchas ocasiones a la dificultad de dejar estas relaciones puede ser una baja autoestima, miedo al abandono o dificultades para poner límites entre otras.

En un proceso de terapia se puede trabajar el origen de todas estas dificultades y así aprender a gestionarlas y evitar que vuelva a suceder lo mismo con posteriores relaciones.

Irse de algunos lugares también es cuidarse.

Alejarse de algunas personas también es protegerse.

Se suele decir que el tiempo lo cura todo, pero esto no es totalmente cierto. El tiempo puede ayudar a ver las cosas con más claridad y disminuir el malestar que surge en los primeros momentos de cualquier situación complicada, como puede ser una ruptura de pareja, pero lo que realmente cura es lo que hacemos durante ese tiempo para estar mejor.

Por ello y ante una ruptura de pareja, existen algunas claves que pueden ayudar a superar ese bache y salir de esa experiencia más fortalecido:

 

  • Focalízate en el futuro: solemos centrarnos en lo que ha pasado y es bueno reflexionar sobre ello, pero el problema es quedarse anclado en los recuerdos sin conseguir avanzar.

Tras las rupturas hay una tendencia a idealizar a la otra persona y culpabilizarse de todo lo que podíamos haber hecho y no hicimos.

Tratar de centrarse en el futuro y en lo que podemos hacer a partir de este momento es la mejor formar para no caer en la espiral de los recuerdos y la culpabilidad.

  • Acepta tus emociones y no trates de evitarlas: permite sentirte triste, enfadado…

No consiste en intentar mantener el mayor tiempo ocupado para no pensar sobre cómo nos sentimos, ya que de esta forma estaríamos evitando nuestra propia emoción. Pero tampoco focalizarse solo en ello y que esto nos impida continuar con nuestra vida.

Es fundamental encontrar un término medio en el que podamos permitirnos sentir tristeza, rabia, impotencia…y entender que es normal sentirnos así, pero no dejar que estas emociones nos dominen y nos impidan seguir nuestro camino.

  • Saca aprendizaje de esa experiencia: hay una frase que resume muy bien este punto: “Ninguna relación es una pérdida de tiempo, ya que si no te dio lo que buscabas, te enseñó lo que necesitabas.´´ Conseguir obtener un aprendizaje de esa etapa que nos sirva para futuras relaciones disminuirá la sensación de haber perdido el tiempo y la culpabilidad de habernos equivocado.
  • Comienza nuevas actividades o aprende nuevos hobbies: conocerás personas nuevas y harás nuevas amistades que te ayudarán en este difícil momento.
  • Márcate nuevos objetivos: es un buen momento para volver a centrarte en todo aquello que tenías pendiente y que te gustaría conseguir. Ahora es el momento de centrarte en ti…

Pedir ayuda de un profesional puede ayudarte a gestionar de mejor forma este momento tan complicado y utilizar este tiempo como un periodo de autoconocimiento y desarrollo personal.

Toda ruptura de pareja supone una experiencia difícil y dolorosa la cual tratamos de evitar en muchas ocasiones para no pasar por ese momento tan complicado. Pero a veces, el amor se acaba y es necesario saber aceptarlo y hacer frente a esa situación.

Toda separación supone una pérdida y como tal, un proceso de duelo que es necesario pasar, ya que debemos aprender a vivir sin el otro y reformular muchos proyectos que se habían establecido en conjunto.

Este proceso de duelo consta de varias fases y el impacto que tenga sobre nosotros dependerá de muchos factores como la duración de la relación, la forma en la que finalizó, la intensidad del vínculo creado, etc.

El primer momento es el de negación, la fase inicial en la que hay dificultades para aceptar que la relación ha finalizado. Es un momento de gran incertidumbre donde puede haber esperanza de que la relación no termine y es un periodo caracterizado por una gran tristeza y confusión.

Tras esta fase, aparece la ira y la ansiedad, donde ya somos conscientes de que ha finalizado, pero sentimos rabia hacia la otra persona porque haya sucedido incluso hacia nosotros mismos por errores que hayamos podido cometer, y por no haber sido capaces de evitar la ruptura.

Después aparece un momento de negociación, en el cual tratamos de buscar posibles soluciones para evitar las consecuencias que estamos viviendo debido a la pérdida. Aún pensamos que podemos hacer algo respecto a la situación o que puede cambiar algo que haga que finalmente la relación no termine.

Tras el fracaso de la fase anterior, aparece la aceptación donde se comprende que las relaciones pueden terminar y se comienzan a instaurar nuevos hábitos y a reestructurar nuestra vida sin esa persona. Finalmente, si este proceso no se alarga más tiempo del debido, pasaríamos a una fase final de superación que supone un periodo de reflexión donde habremos aprendido a vivir sin esa persona y seremos capaces de establecer nuevas metas y conocer a personas nuevas.

Pero no todo es negativo tras vivir esta situación. Podemos aprender de la experiencia vivida y el periodo de soledad nos ayudará a conocernos más a nosotros mismos y mejorar algunos aspectos que tras la ruptura quizá hayan podido verse afectados como nuestra autoestima o seguridad en nosotros mismos. Además, puede ser un buen momento para comenzar y aprender nuevas actividades que hasta ese momento no habíamos decidido hacer, conocer personas nuevas y ampliar nuestro círculo social o comenzar nuevas metas y objetivos.

En ocasiones es necesario pedir ayuda cuando el duelo se alarga más tiempo del normal o no nos permite continuar con nuestra vida de forma natural. Un proceso terapéutico en este momento nos puede ayudar a elaborar esa experiencia dolorosa y darle sentido, aprender de la pérdida y convertirla en una experiencia más de aprendizaje y superación personal.

El tiempo realmente no lo cura todo. Lo que hemos aprendido durante ese periodo es lo que cura.

 

 

 

 

Hay personas que tienen la constante necesidad de estar o sentir la compañía de otra persona para poder sentirse bien consigo mismos, lo que normalmente buscan en relaciones de pareja.

Sin embargo, en la mayoría de los casos no son conscientes de que esta “necesidad”, no es algo positivo para ellos y convierten las relaciones de pareja que tienen en relaciones de necesidad y no de amor, ya que necesitan a la otra persona para obtener su bienestar, lo cual se considera dependencia emocional.

Esto sucede generalmente ya que no han aprendido previamente a sentirse bien por sí mismos, necesitando siempre de otra persona para satisfacer sus propias necesidades. Este aprendizaje normalmente proviene de la infancia, donde quizá una ausencia de los padres o falta de suficiente atención ha generado una falta de seguridad en sí mismas, que quizá les llevan a necesitar de otras personas para sentirse aprobados o valorados, anteponiendo las necesidades de la otra persona a las propias con el objetivo de mantenerla a su lado.

Generalmente ante este tipo de situaciones la persona dependiente muestra comportamientos de sumisión y un gran miedo al abandono, lo que puede manifestarse mediante conductas como celos y posesividad (por el miedo de perder a la pareja y por tanto enfrentarse a la vida sin ella).

Además, debido al miedo al abandono y la incapacidad de saber continuar su vida sin esa persona, en ocasiones mantienen relaciones que al contrario de beneficiarles, les aportan cosas negativas como discursiones constantes, ansiedad en la relación incluso violencia física o verbal.

Debido a todo esto y en muchas ocasiones, se producen a su vez una serie de consecuencias que la persona sufre mientras se encuentra en esta relación, como el aislamiento social al centrar toda la atención en la otra persona, baja autoestima debido a la incapacidad de valorarse positivamente por sí mismo y un gran miedo a la soledad.

Pero esto no tiene por qué ser siempre así.

Igual que hemos aprendido una serie de creencias y formas de actuar, es posible aprender otras nuevas y entender que las anteriores nos han servido durante un periodo de tiempo, pero no son las más adaptativas.

Entender lo que significa una relación de pareja saludable y aprender de un periodo sin pareja que puede aportarnos un gran aprendizaje y autoconocimiento, pueden ayudarnos a superar este tipo de situaciones y perder el miedo a la soledad. Mejorar nuestro autocuidado nos ayudara a su vez a que mejore nuestra autoestima y así vernos capaces y autosuficientes.

Es posible aprender a satisfacer las propias necesidades sin depender de otra persona para ello, ya que hasta que no seamos capaces de hacerlo por nosotros mismos, no será posible tener una relación verdaderamente sana.

 

No existen parejas felices si no personas felices que hacen pareja.